jueves, 4 de febrero de 2016

MODERNIDADES Y NACIONES DOS VISIONES: WALLERSTEIN Y SMITH






REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA EXPERIMENTAL LIBERTADOR
INSTITUTO PEDAGÓGICO DE CARACAS
SUBDIRECCIÓN DE INVESTIGACIÓN Y POSTGRADO
DOCTORADO EN CULTURA Y ARTE PARA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

Curso: Modernidad y Postmodernidad y sus efectos en Latinoamérica y el Caribe
Profesor: Dr. Jorge Bracho
Participante: Manuel Bas
Caracas, 01 de febrero  de 2016

MODERNIDADES Y NACIONES DOS VISIONES: WALLERSTEIN Y SMITH`

     “La Nueva Iglesia Mundial es la industria del conocimiento, proveedora de opio y banco de trabajo durante un número creciente de años de la vida de un individuo.” (Iván Illich, tr. 1985, p.70). @ilichivan1

     “Misterio es misterio porque no  somos capaces de comprender la racionalidad de una secuencia de sucesos…” (Mercedes Aubá, 1982, p.182).

     “Bourdieu precisa en la universalidad de  Estado como lo que produce el Estado al permitir a agentes autorizados declarar públicamente lo que los individuos son socialmente, para sí
mismos y para los demás”. (R. Lenoir en Alonso, Criado y Moreno, Comps., 2004, p.130).

     El propósito de este ensayo, como lo enuncia su título, es disertar sobre las versiones conceptuales de modernidad y nación suscrito por Immanuel Wallerstein y Anthony Smith; no sin advertir, que no pretendo de ningún modo agotar el tema, sino más bien contrastar las dos visiones esclarecedoras de estos dos intelectuales, donde se nos muestra lo difícil y complejo que es conceptualizar, definir en una terminología de carácter general dos procesos históricos de los que hasta ahora lo que hemos tenido solo estudios parciales, por un lado, por ser procesos tan complejos, y por el otro, por ser estudiado desde posturas epistémico-ontológico-metodológico de diversa naturaleza enunciado desde diversas corrientes científicas, lo que innegablemente nos dan más bien a una visión polisémicas e incompleta como resultado, por lo tanto, es imposible llegar una visión unívoca. Cualquier intento en este particular no está exento de correr el riesgo de caer en una posición dogmática y reduccionista.

     Como todo proceso de grandes cambios históricos, su debate obviamente abarca corrientes enmarcadas en el campo del arte, filosofía, sociología, historia, literatura, urbanismo, entre otras. Por ello, citando a Picó (1999) cabe decir, que no hay una sola modernidad, sino pluralidad de modernidad, desde allí se puede encausar el debate por las más diversas sendas. Considerando lo que he venido planteando, subrayo la idea de hacer algunas consideraciones, que a mi juicio, son válidas para aclarar, que no hay una palabra definitiva en esta materia, y cualquier pretensión en hacer una explicación completa desde una sola mirada de alguna corriente del pensamiento, estamos más cerca de hacer mitología y no ciencia; lo que no implica que no se puedan hacer aclaratorias relevantes que desmonten ciertos sofismas disfrazados de lógica científica.

     Si partimos de lo que considera Berman (1982) citado por Picó (ob. cit.) si se considera la modernidad solo como la expansión espacio-temporal fundamentada en la ciencia objetiva, que tiene entre sus propósitos la dominación de la naturaleza para zafarnos de sus condicionamientos con su pretensión racionalizante del mundo para establecer los cimientos de una moral  universal; es un grave error que se viene planteando durante siglos y que encontró su rotundo fracaso de tales aspiraciones, solo por citar una, en la Primera Guerra Mundial. Que es de algún modo, el motor impulsor que movió a muchos intelectuales, a hacer una severa crítica del legado de la modernidad, con su ímpetu de conquistar el mundo y ponerlo a los pies del hombre, cristalizado en la obra de Jean-Francois Lyotard “La Condición Posmoderna” (1979).

     En este contexto crítico es importante revisar el surgimiento de la modernidad clásica, que según Smith (2000), para su estudio se debe analizar con un sentido amplio tres elementos que suelen ser recurrentes en el tiempo: lo étnico-filosófico, lo antropológico-político e histórico-sociológico, que vale advertir, que en estos paradigmas, no hay tampoco, una palabra que uniformice la visión que se tiene de la  modernidad clásica, lo que complica más el asunto.  Habermas  en Baudrillard y Otros (1998) nos pone en aviso de la dificultad que existe en términos de la ubicación  histórica, que para algunos se remonta al siglo V d. C., es decir, del paso del mundo pagano al cristiano; otros autores lo sitúan en el período de Carlos El Grande siglo XII; o en el Renacimiento (siglos XV y XVI). Modernidad fue un vocablo, según Habermas que apareció y reapareció en Europa en períodos en que se formaba la ciencia de una nueva época a través de una renovación que consideraba a imitar viejas prerrogativas. La influencia que tuvo la antigüedad grecolatina en el mundo renacentista se disolvió con la Revolución Francesa, la cual sustentó sus ideales en la Ciencia moderna (empírico-racional), de Descartes y Bacon, que trajo, entre otras cosas, la idea del progreso infinito.

     No se puede dejar de lado, y quizá sea aquí donde radica la problemática en torno a la modernidad y al concepto de naciones,  la enunciación onto-epitémica de donde los europeos construyeron, una serie de principios que aplicaron indiscriminadamente donde ellos pusieron su huella, que fue el caso de la llegada de los europeos a la América, que no deja de ser una dicotómica: antiguo-moderno, bárbaro-civilizado que en muchos casos estos conceptos son empleados erróneamente. Sabemos de por sí, que son sumamente complejos, deslindar bien estas concepciones por su carácter recurrente y renovador, que el ejemplo más acabado tal vez sea el Renacimiento y luego la Revolución Francesa. Lo mismo pasa con el término nación, que es muy antiguo y se remonta a la antigüedad clásica derivado del latín natío que significa lugar donde se nace, que naturalmente, en la concepción de lo que hoy son las modernas naciones es algo anacrónico, pero señala algo importante a mi juicio: da un sentido de pertenencia al individuo. Quizá de estas dos visiones nacen las dos concepciones antagónicas de nación: perennialista y clásica que han dado en una dicotomía excluyente que si revisamos con algo de cuidado pueden complementar una idea más solida de nación, para evitar de esta manera construir un discurso incompleto.

     De esta manera también, los estudios que se han aventurado al respecto en los primeros momentos, según Smith (2000) no dejan de ser periféricos, que son los casos de las cuatro corrientes que han estudiado el tema: marxista, freudiana, weberiana y durkheimiana. Por ejemplo, según este autor, Marx y Engels no abordan el tema de las naciones por considerarlo un tema intrínseco en el desarrollo del capitalismo moderno. Freud, aunque no profundiza mucho en el tema comprende el peligro que trae la naturaleza dislocadora de la modernidad en el sentido de desorientar al individuo y su capacidad para romper con la estabilidad general. Weber por su parte alucinado por el nacionalismo alemán  no profundizó sobre el surgimiento del Estado-Nación que surgía en otros países de Europa, aunque cabe decir que se dio cuenta del papel que juega la política y los intelectuales, tanto en la formación de los grupos étnicos como en la evolución de las modernas naciones europeas. El caso de Durkheim se orienta más hacia la religión como núcleo de la comunidad moral, centrado más bien en el nacionalismo francés. Por ello Smith (2000) ha señalado que “… no existe pretensión alguna de elaborar una teoría general  que fuera de aplicación a todos los casos, ni para resolver las contradicciones por cada tema conflictivo de forma coherente y sistemática”, (p. 40). Hasta ahora hemos visto lo intrincado que resulta hacer una generalización de nación y modernidad, cabe recordar al respecto lo que dice Renan citado por Kohn (1955) en Smith (ibídem): “Una nación es una gran solidaridad creada por la conciencia de los sacrificios que se han hecho y de los que se está dispuesto a hacer en el futuro”.

     Adentrándonos más en el tema de la modernidad tratado por Wallerstein (1996) hay que decir que este intelectual ha señalado dos tipos de modernidad, o por mejor decir dos maneras de explicarla desde dos posturas diferentes. La primera se refiere al progreso proporcionado por los avances tecnológicos incesantes, casi infinitos de gran significación material —el culto al materialismo en su versión más ciega—; la segunda representada por el triunfo de la libertad humana, sobre la ignorancia y las fuerzas del mal cristalizada en la enciclopedia y la religión cristiana. De modo que son dos extremos de una misma realidad: la liberación humana (Prometeo desencadenado) y la tecnología (Prometeo encadenado). Esta es la gran paradoja de la modernidad.

     No sin razón en este contexto surgen tres ideologías salvadoras: conservadurismo, liberalismo y socialismo, las dos últimas de ellas hijas de la modernidad y la primera como una ideología reaccionaria de los cambios que se dan en Francia a raíz de la Revolución Francesa con sus ideas de revolución y cambio del statu quo, de innovación y transformación y revolución  normales en la esfera política (Oestutt de Tracy, inventor de la palabra ideología), el camino a seguir, la visión del mundo : ideología, (Marx) ,  demoledora de utopías (Mannheim); esto marcó el estigma  revolución (Watson),  que arropó todo el siglo XIX y el XX que Marx proclama sustituir la ciencia por la ideología.

     Wallerstein incluye también el siglo XX, donde la revolución encarnó la apoteosis  de la ciencia de Newton del siglo XVII y el concepto de progreso del Siglo de las Luces, motor de la modernidad, que según Norbert Elias, (tr. 2004) estuvo marcado por la complejidad de los cambios sociales, económicos y políticos, que han arropado la cultura de las sociedades occidentales y que hoy anuncian el fin de las utopías del siglo XIX  y de la modernidad (progreso, civilización, igualdad y libertad). Por ello dice Picó, (1999) la cultura moderna nos pone de manifiesto de manera cada vez más evidente  las formas básicas de su dialéctica, ese dilema insoluble entre el individuo y sociedad, libertad y necesidad, Eros y Tanatos que viene siempre acompañado de reducción y desengaño.

     En el marco de los cambios del siglo XIX se busca una palabra más sofisticada que la ya trillada empleada por la reforma luterana, (reforma) y se comienza a emplear el término revolución, cuyo lema era la proclamación de la soberanía del pueblo contra la soberanía absoluta del Rey, cuyo tema central según Outlaw citado por Rorty k. o. Apel y Otros (s. f.) es la subjetividad, la libertad, el individualismo y el derecho a la crítica, al menos dentro del liberalismo cosmopolita. Norbert Elias (1996) describe las sociedades Estatales de Europa, antes de la Revolución Francesa, de esta manera: el Rey y el país entran dentro de la misma estructura patrimonial y la corte real es el filtro básico entre el Rey y el resto, que es donde realmente  se gobierna al país en el Antiguo Régimen. Este va a ser el punto de partida de la Revolución Francesa. El liberalismo junto al socialismo, que aparecen como herederas y defensoras de la revolución y de todos los miembros de la sociedad. El socialismo desconfía de toda reforma hecha desde arriba. Esta ideología siguió el libreto de Saint Simon, que después de 1848 se convierten al credo de Marx.

     En contra de los planteamientos de estas ideologías hijas de la modernidad, aparece el conservadurismo como una ideología reaccionaria que busca conquistar el espacio político perdido: el poder del Estado. Estas teorías tomando las palabras de Wallerstein pueden ser simplificadas en su esencia, de esta manera: el liberalismo defiende al individuo; conservadurismo a los grupos tradicionales, y el socialismo a los miembros de la sociedad; que van a sembrar las grandes contradicciones de la praxis política, y al mismo tiempo la razón de ser de cada una de ellas, desde 1789 a 1968 y hasta el presente, que al propio tiempo mantiene viva la ideología, que a criterio de Wallerstein (1996) “ la modernidad como… la combinación de una realidad social o visión del mundo… que ha reemplazado… a otro… el Antiguo Régimen”, (p. 77).

     La modernidad además nos va a traer dos cosas fundamentales y a la vez muy complejas o al menos las causantes del mundo complejo lleno de contradicciones en el  que vivimos: la tecnología con su idea de progreso y  la idea libertaria, que todavía inunda nuestro tiempo, que Rosa María Rodríguez ha denominado el modelo Frankestein que ha sido de algún modo la  causa de las frustraciones en que vivimos hoy.

     Entrando ahora a darle una mirada a lo que se ha denominado desde la Revolución Francesa, nación, quizá uno de sus grandes logros de este trascendente suceso histórico. Para Smith, la idea de nación está asociada a la modernidad; pero cabe decir que este vocablo es muy antiguo, se remonta a la  antigüedad, sin embargo, la aserción moderna se remonta al siglo XVIII, teniendo como referencias las revoluciones americana y francesa. Desde la modernidad los estudiosos de la materia han tenido dos visiones de lo que se considera nación: la modernidad clásica y la perennialista, dos posiciones dicotómicas que no dejan ambas de ser imprecisas e insuficientes para justificarse y explicarse a sí mismas. El estudio de nación y nacionalismo se ha encausado por tres elementos de carácter esenciales: étnico y filosófico, antropológico y político e histórico y sociológico, pero esto no resuelve a mi juicio el problema, porque en estos campos del saber no existe una postura unívoca, por lo tanto es difícil encuadrarla en una doctrina determinada sin caer en una posición dogmática y reduccionista. Sin embargo, si tratamos de buscar una tercera visión, no dicotómica sino más bien complementaria, es posible elaborar un constructo teórico más completo.

     Veamos el asunto de esta manera. La idea de comunidad cultural enunciada por la postura perennialista no excluye la de la comunidad política del enfoque de la modernidad clásica, debido a que lo político está  incluido en el fenómeno cultural. Si bien es cierto que la moderna idea de nación se remonta a la Revolución Francesa, muchos de sus ingredientes tales como el mismo vocablo  nación, democracia, política, libertad, entre otros, tienen su origen mundo clásico, no olvidemos que Ortega y Gasset ha planteado que el hombre es un ser histórico y un ser social, y Aristóteles definía al hombre como un zoom politikon (animal político), de modo que la visión de la modernidad clásica desde esta óptica es algo sesgada. Es casi imposible hoy hablar de democracia sin pensar en el gobernante griego, Pericles.

     La visión perennialista de nación como comunidad etno-cultural a la que se le contrapone la moderna como comunidad política nos plantea la pregunta: ¿la polis de Platón y Aristóteles en la antigüedad clásica no era al mismo tiempo como hoy, una comunidad política por excelencia, bastión de la cultura griega, con un territorio determinado, con una etnia particular, que sirvieron de base a la ciencia moderna de Bacon y Descartes, del arte de Leonardo y Miguel Ángel, de la democracia de la Revolución Francesa? Diferente en algunos aspectos sí. Pero acaso el joven cuando llega a la vejez no es diferente, sí; pero es la misma persona. Nada es perenne en esta vida, todo cambia, nos enseñó Heráclito. Por ello se es niño y se es adulto al mismo tiempo. Ambos conceptos se complementan uno al otro.

     Por ello cuando Smith (2000) se refiere a nación, con mucha razón la conceptualiza como un proceso evolutivo y de voluntarismo con una dosis de  activismo político, con otra de viejas raíces etnoculturales que conforman las bases de las naciones. Naciones, palabra que expresa pluralismo, desde un contexto de enunciación ontológico que le va a dar una configuración particular, por ello es mejor hablar de naciones, al menos que queramos expresar de manera singular una en particular como individualidad “colectiva”, sin olvidar que  cuando invoquemos la palabra nación no olvidemos que existe una polifonía de ellas, todas hijas de la modernidad: representada como diría Nietzsche en “El Origen de la Tragedia” en lo apolíneo y lo dionisiaco.   

Muestra Visual 


 Luís Méndez (Barcelona, estado Anzoátegui, Venezuela)
Dalila (2002)
Colección y fotografía  Manuel Bas, Caracas D. C., Venezuela




 
Salvador Ferrer (Borojó, estado Falcón, Venezuela)
Pavo Real (2011)
Colección y fotografía Manuel Bas, Caracas, D. C., Venezuela


      
REFERENCIAS:
—Aubá, M. (1982). Reseñas Bibliográficas. The Discipline of Politics, Jean Blondel (La Disciplina Política, Jean Blondel Butterworth. Revista de Ciencias Políticas. Vol. 4. Nº 2. (pp. 182-186). Santiago de Chile: Pontificia Universidad de Chile.

—Habermas, J. La modernidad un proyecto incompleto. En J. Baudrillard, y Otros. (1998). La Posmodernidad (Jordi Fibla, Trad.). [The Anti-Aesthetic: Essays on Postmodern]. (4a. ed.). (pp. 19-36).  Barcelona: Editorial Kairós, S. A. (Trabajo original publicado en 1983).

—Ilich, I. (1985). La Sociedad desescolarizada (Joaquín Mortiz, Trad.) México: Editorial Siglo Veintiuno, S. A.

—Lenoir, R. ¿Pierre Bourdieu y el Derecho? En L. Alonso, E. Criado y J. Moreno (Comps.) (2004), Pierre Bourdieu: La Herramienta del Psicólogo (Lucía Torres Salmerón, Trad.) (pp.115-130). Madrid: Editorial Fundamentos.

—Norbert, Elias. (1996). La Sociedad Cortesana. (Guillermo Hirata, Trad.). [Die Höfische Gerellchaft]. (1a. ed., 1a. reimpresión). México: Fondo de la Cultura Económica. (Trabajo original publicado en 1969). [Libro en línea]. Disponible: http://monoskop.org/images/6/6c/Elias_Norbert_La_sociedad_cortesana_1996.pdf.  [Consulta: 2015, Noviembre 11-12].

—————————. (2004).El Proceso Civilización. Investigaciones Sociogénesis y Psicogénesis. (Román García Cotarelo, Trad). México: Fondo de la Cultura Económica.

—Outlaw, L. Visiones del Mundo, Modernidad y Praxis Filosófica. Raza, Etnicidad y Teoría Social Crítica. En R. Rorty. K. O. Apel, N.Putman, A. C. Graham, A. MacIntyre, B. K. Matilal F. Streng, R. Bernstein y Otros. (s. f.).  Cultura y Modernidad Perspectiva Filosófica de Oriente y Occidente (David Sempau, Trad.). (pp. 37-66).  Barcelona, España: Editorial Kairós.

—Picó, J. (1999). Cultura y Modernidad. Seducciones y Desengaños de la Cultura Moderna. Madrid: Editorial Alianza, S. A.

—Smith, A. (2000). Nacionalismo y Modernidad. Un estudio crítico de las teorías recientes sobre naciones y nacionalismo (Sandra Chaparro, Trad.). Madrid: Ediciones Istmos, S. A.

—Wallerstein, I. (1996). Después del Liberalismo. México: Editorial Siglo Veintiuno Editores, S. A.

DESCRIPTORES: Modernidad, Revolución Francesa, Nación, Nacionalidad, Liberalismo, Conservadurismo, Socialismo.

EDITOR: Esp. Víctor A. Hernández, Los Teques, Estado Miranda, Venezuela.

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