miércoles, 15 de octubre de 2014

DOS VISIONES LATINOAMERICANAS PARA UNA SOLA AMERICA. MANUEL BAS





DOS VISIONES LATINOAMERICANAS PARA UNA SOLA AMÉRICA

Dos Visiones Latinoamericanas para una sola América,  es la reflexión en torno a los discursos pronunciados a propósito del otorgamiento del Premio Nóbel de Literatura,  a dos de nuestras personalidades de las letras de América Latina: Gabriel García Márquez, (1982) —La Soledad de América Latina —, y Derek Walcott, (1992) —Las Antillas: Fragmentos de una Memoria Épica—. Dos miradas  hacia la América que lejos de contraponerse se complementan, mostrando su heterogeneidad, y  un “mosaico cultural” de los más variados orígenes. Convergen en esta parte del globo, como en un aluvión, las más rancias tradiciones que se remontan al más remoto pasado humano, que sincréticamente, se han transformado en lo que es hoy: una nación  de las más ricas que haya dado la historia de la humanidad.

Una América que cambió su fisonomía y su posición en la Historia Universal a partir de aquel 17 de abril de 1492, cuando en aquélla localidad granadina, Santa Fe, los Reyes Católicos: Fernando de Aragón e Isabel de Castilla firmaron  con Cristóbal Colón  la “Capitulación de Santa Fe” relacionada con la expedición hacia las tierras de lo que va a ser luego: América. Este documento selló el destino de esta parte del mundo. Comenzó desde ese momento,  a lo largo de tres siglos,  un proceso de invasión, de ocupación de esta geografía, empleando los más terribles métodos de dominación militar e ideológica. En algún sentido, la Capitulación Real referida,  fue una especie de autorización unilateral de reparto de botín; que dio paso a los más avasallantes mecanismos de control político y religioso que se concretó en trescientos años de coloniaje; que van a concluir con las gestas de emancipación a lo largo y ancho del continente, los siglos XIX y XX.

Vinieron a estas tierras, los europeos del aquel tiempo  con su sed insaciable del oro y la plata y las perlas y en general de riquezas,  obtenidas a través de los más viles procedimientos. En 1982, Gabriel García Márquez en su alocución: La Soledad de América  Latina, cita  al cronista de Indias,  Antonio Pigafetta, navegante florentino,  que hizo junto a Magallanes el viaje de circunnavegación alrededor de la Tierra, quien relata en sus crónicas haber visto animales fantásticos,  producto como se sabe hoy, de  esa visión alucinada,  que tenían en aquel entonces del mundo,  los europeos. Creyeron ver en lo que ellos llamaron el “nuevo mundo” los animales fantásticos de la mitología griega de La Ilíada y La Odisea de Homero y de la Teogonía  Hesíodo, o la de Roma de la Metamorfosis  de Ovidio. Traen  a esta latitud los paradigmas culturales de Europa, ven en esta parte del mundo o reproducen todo ese mundo mítico de la antigüedad clásica. Un mundo “real maravilloso” que cree ver Cristóbal Colón en su primer viaje a la América, cuando creyó ver  “peces que parecían puercos”; o reproducir en ella la tradición judío-cristiana, como lo relata en su tercer viaje cuando navega las costa de lo que más tarde  va a ser Venezuela, cuando cree llegar al Paraíso Terrenal que relata la Biblia. O encontrar la fuente de la eterna juventud cuando escribe que toda la población de estas tierras eran jóvenes de menos de 30 años. Un mundo sobrenatural que más tarde va a contarnos Santo Tomás Moro en su libro Utopía, cuando afirma que aquella gente había alcanzado la suprema felicidad, no existía la propiedad privada;  o aquel mundo mágico que describe William Shakespeare en su último libro que escribió: La Tempestad.

Ese mundo delirante, fantástico, mítico, habitaba en la mente de los conquistadores, era la manera de como veían a la América en los primeros tiempos de Indias. Esto,  naturalmente, explica las creencias por parte de los conquistadores de El Dorado, un mundo maravilloso en el que creyeron aquellos hombres sedientos de oro, fue así que tuvo cabida en su mente este mito fantástico. García Márquez (1982) dice al respecto: “El dorado, nuestro país ilusorio tan condicionado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y forma según la fantasía de los cartógrafos”, (p.1). Fue un demencial  delirio áureo que comenzó en el siglo XVI (1534) cuando el Cacique Guatavita,  en lo que hoy es Colombia, le dio a conocer a los conquistadores un extraño ritual según el cual un rey se hacía untar un ungüento en el cuerpo, con  polvo de oro. En ese lugar el metal precioso era muy abundante, según la leyenda. Este lugar fue buscado no sólo en Colombia sino también por otros países de  la América Meridional, por el Río de la Plata, Perú, Venezuela, país este último,   en el cual el Tirano Aguirre, construyó una balsa improvisada de troncos de madera con la cual navegó a lo largo del Río Amazonas en busca de este lugar de leyenda.

A esta parte del mundo,  los europeos sembraron sus estructuras políticas, económicas religiosas, culturales, entre otras. Implantaron las monarquías de Europa en suelo americano—Virreinato, Gobernación y Capitanía General — como mecanismo de dominación política; y un modelo económico explotador que desangraba económicamente a la región. La religión foránea destruyó a la autóctona borrando casi todo el pasado aborigen. Alucinados, enceguecidos, por la religión cristiana, todo lo que no se le parecía a ésta, era considerada por ellos diabólica, nigromante, incluso se llegó a dudar si el indio americano tenía alma. Casi 300 años de dominio no bastó para que después de la Guerra de Independencia, como apunta García Márquez,  (ob. cit.) no nos salváramos de la demencia de las guerras civiles. No sin razón, nuestro Premio Nóbel va a decir que América Latina no ha tenido un instante de sosiego, se ha creído ingenuamente en presidentes “prometeicos”. Quizá por esta razón el escritor ha dicho: “…frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida” (ob. cit., p.3).

No obstante, este panorama de fascinación y guerras, va a determinar lo que más tarde va a ser en la literatura latinoamericana el realismo mágico, que  tiene como referencia, apunta García Márquez, las crónicas de Indias,  ese mundo de fábula y de leyenda, que creyeron ver en América los europeos; que en algún sentido,    ese mundo mítico  vivía en su imaginación, alimentado por los clásicos de la antigüedad. De esta manera la gente de ese tiempo veía  el mundo; una cosmovisión de la vida humana que se remonta a la Edad de Oro de la que hablaban los filósofos del Partenón y del ágora ateniense. El realismo mágico de la que Cien Años de Soledad  es el prototipo de este género literario, es esa historia fascinante de América. No nos extrañe entonces, que nuestra realidad responda a modelos extraños, que como dice García Márquez nos hacen más desconocidos, cada vez más solitarios, menos libres.

Contrastando con la visión latinoamericana que he venido comentando, está la de Derek Walcott  en su discurso: “Las Antillas : Fragmentos de una Memorias Épica”, que tiene como contexto las Antillas, la aldea de Felicity  en Trinidad, donde parte de su población es descendiente de la India; que son portadores en su gen cultural, la poesía  épica,  la epopeya: El Ramayana, escrita hacia el siglo XV antes de la Era Cristiana, atribuido a Valmiki, inventor de la poesía heroica, una obra que viene a ser para Oriente junto con el Mahabarata,  lo que es La IlÍada y La Odisea en Occidente, en la que nos revelan las tradiciones del mundo antiguo, la historia de los pueblos   de origen indoeuropeo; que contrastan con el nombre de la población —Felicity— de indudable procedencia anglosajona, que como apunté antes,  es de origen hindú, mayoritariamente.

La representación del Ramleela escenificación de El Ramayana, les recuerda su remota procedencia oriental, en ellos viven: Rama, Kali, Shiva Visnhú, cuando teatralizan esta obra para el teatro, además, realizan  un acto de fe. Una localidad en la que sus habitantes se deleitan con una obra escrita en el idioma sánscrito;  pero que al propio tiempo,  de su seno  brotó y floreció la literatura en los idiomas de las potencias de ultramar de Europa de los tiempos coloniales como lo son: español, francés e inglés. Esto naturalmente, nos coloca en el lugar que tenemos hoy en la historia de la humanidad, recordándonos a cada instante, que somos un complejo “mosaico cultural” de raíces polisemicas y polivalentes, muy distintas a las que se dieron en el mundo antes de Cristóbal Colón. Una región de América Central Insular  ubicada entre el Mar Caribe y el Océano Atlántico, que contrasta con grandes ríos como el Amazonas y el Orinoco, y con grandes montañas como la Cordillera de los Andes, y con inmensas selvas húmedas impenetrables con la más variada flora y fauna, y en los extremos de la Tierra,  los glaciares indómitos, esto es América. Una compleja geografía, con una historia difícil de descifrar.

Una geografía que dio a luz hombres con pensamientos originales, que a la falta de libros para su instrucción acudieron  al pensamiento, como lo hacían los Rishis de la antigua India. En los tiempos de la crisis colonial,  la América dio hombres como Rodó, Bolívar, Nariño,  Miranda, Martí, Rodríguez, entre otros, quienes  son los mejores ejemplos de ello, y al propio tiempo, cómo entonces, hoy la América Latina  puede darnos hombres extraordinarios como ellos. Las Antillas  es como una entretejida tela de urdimbre cultural, a la que Derek Walcott, (1992) la define como  un encuentro entre la asiática, la mediterránea, la europea  y la africana, y naturalmente la originaria de esta latitud, que, desde luego, es muy variada como su geografía y lenguas. Ha dicho con razón este escritor: “El genio antillano está condenado a contradecirse, elogiando a Perse  —John Perse, seudónimo de Alexis Saint Léger Léger — el primer antillano en obtener el Premio Nóbel para Poesía, nacido en la isla Guadalupe, escritor en francés, es celebrar, además, a los criados mulatos, el blanco idioma francés, las plantaciones, las verandas; pero no obstante, esto nos recuerda —apunta — a no renegar de Aimé Césaire  y su origen africano.
Pareciera que va a estar presente entre nosotros, El Ramayana, y La Ilíada, la vida heroica de Atahualpa y de Manco Cápac y de Guaicaipuro. El impulso heroico unificador y fundador de repúblicas de Bolívar, que después de su muerte, aunque aspiró la unión de los pueblos Americanos   en su última proclama, vino la desunión, las  guerras fratricidas; el Congreso de Panamá quedó en el olvido de los que gobernaron después de su ausencia. El siglo XX entró entre caudillos y dictaduras, y la dominación de la “empresas trasnacionales explotadoras” disfrazadas de bienhechoras, entonces caímos en otra forma de dominación: la del capital extranjero trasnacional  de los Estados Unidos y de Europa Occidental,  quienes se apoderaron de cuantiosos recursos a precios irrisorios. Con razón Derek Walcott, (ob. cit.) dice en forma poética en relación tragedia lo siguiente: “…la mar gime con los ahogados de Middle Passage, con la naturaleza de su aborígenes: caribes, arahuacos y tainos… con la memoria de la esclavitud africana” (p. 7). Continúa el autor , “el Caribe no es un idilio, no al menos para sus nativos que extraen de Él su fuerza de trabajo… sus campesinos y pescadores no están para ser amados, ni siquiera para ser fotografiados … cada peñasco ha sido blanqueado por el guano de hoteles de alas blancas, por el arco y la invasión del progreso”. (ibídem).
La América debe ser original y colonizada por los americanos como lo proclamó en el siglo XIX Don Simón Rodríguez, no se debe reproducir las estructuras políticas foráneas que no responden a nuestras necesidades, de un mundo cultural polisémico, de profundas y variadas raíces ancestrales,  tan remotas como el hombre mismo, de fisonomía y matices contrastantes . Debe tener como norte la libertad, la unión, como lo dijo García Márquez, (ob. cit.): “La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimos a los pueblos que asumen la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo”, (p.2). Y de esta manera como diría Derek Walcott, (ob. cit.) que no sea, —refiriéndose a las Antillas—,   “una céntrica Babel de avisos  y calles, mestiza, políglota, un fermento sin historia… la poesía visible de las Antillas: la sobrevivencia”, (p.8). De lo contrario volveremos a ver en el horizonte de nuestro mar-océano, unas nuevas carabelas como en tiempos del Descubrimiento.

        REFERENCIAS

-García Márquez, Gabriel. (1982). La Soledad de América Latina. Discurso de      Aceptación del Premio Nóbel. Pp. 1-4. [Documento en línea].Disponible en: http://cvc.cervantes.es/actcult/garciamarquez/audios/gm_nobel.htm. Visita: 01/10/2014.

-Walcott, Derek. (2005-Febrero). Las Antillas Fragmentos de una Memoria Épica (R. Mintz, Trad.)[Discurso leído al recibir el Premio Nóbel] Revista de Poesía Clave, Año 2, nº 4 pp.1-8. (Trabajo original publicado en 1992). [Revista en línea].Disponible en:

*Manuel Bas. Profesor Agregado, Universidad Nacional Experimental “Simón Rodríguez” (UNESR). Facilitador en los cursos: Metodología de la Investigación I, investigación Educativa, Introducción a la Investigación, Planificación Educativa, Ética y Praxis de la Profesión Docente y del Taller de Acreditación. Coordinador de la Comisión Delegada de Sistemas de Estudios y Experiencias Acreditables (UNESR,  Los Teques). Pregrado: Licenciado en Educación, Cum Laudem (UNESR). Postgrado: Especialista en Gerencia Educacional, Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL). Magíster Scientiarum en Tecnología y Diseño Educativo (UNESR). Curso de Postgrado de Ampliación: Comprensión de la Realidad Educativa Nacional y Ética de la Profesión Docente (UNESR). Actualmente cursa estudios en el Instituto Pedagógico de Caracas en  el   Doctorado: Cultura y Arte para América Latina y el Caribe.

NOTA 1: Este trabajo fue presentado en el Instituto Pedagógico de Caracas en el Doctorado: Cultura y Arte para América Latina y el Caribe, en el Seminario: Pensamiento Latinoamericano y Caribeño a cargo del Dr. Omar Hurtado Rayugsen el 14 de octubre de 2014.

NOTA 2: Las obras presentadas en este trabajo, que no tienen referencia de propiedad,  pertenecen a la colección de Manuel Bas, Caracas,  Distrito Capital, Venezuela.



MUESTRA VISUAL


 Ramón Linares (Los Teques, Edo. Miranda, Venezuela) 
                                      Descubrimiento, Conquista, Colonización Independencia
                                                     y  Padre  de La  Patria,   (2012)
 Tinta de bolígrafo/lona plástica



                                        Luís Méndez (Barcelona, Edo. Anzoátegui, Venezuela)
                                       El Descubrimiento de los Invasores o Traidores y de los
                                                 Invadidos o Traicionados, (2010)
                                                                     Óleo/tela


                
     
        José Graterón Luque (Caracas, Distrito Capital, Venezuela)
          Serie Faunos Nº 1, 2013
          Mixta/papel




                   
 
            José Graterón Luque (Caracas, Distrito Capital, Venezuela)
          Serie Faunos nº 2, 2013
         Mixta/papEL


José Graterón Luque (Caracas, Distrito Capital)
Serie Faunos nº 3, (2013)
                                                                          Mixta/papel


                            
   José Graterón Luque (Caracas, Distrito Capital, Venezuela)
  Serie Faunos nº 4, (2013)
Mixta/papel


                                    José Graterón Luque (Caracas, Distrito Capital, Venezuela)
                                                           Serie Faunos nº 5, 82013)
                                                                      Mixta/papel

        
       José Graterón Luque (Caracas, Distrito Capital, Venezuela)
                                                                 “Somos 5”, (2013)
                                                                       Mixta/papel
           

                             
       Marcelino Mejías (Los   Teques Edo. Miranda, Venezuela)
                   Simón Bolívar  El Visionario, (2007) 
       Materiales diversos. (Colección del Artista)




DOS VISIONES LATINOAMERICANASPARA UNA SOLA AMÉRICA
TEXTO Y FOTOGRAFÍA: Manuel Bas
DISEÑO Y MONTAJE ELCTRÓNICO: Esp. Víctor A. Hernández
APOYO VISUAL: Ramón Linares, Luís Méndez, José Graterón Luque y Marcelino Mejías


Caracas, 13 de octubre de 2014

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